Friday, June 30, 2006

La lista

Al fin se levantó el secreto de sumario, pudimos pasar lista y, aunque esperábamos algo mejor- algún nombre ilustre del mundo del fútbol, del baloncesto o quizá del tenis-, en cuanto a ciclistas, no nos podemos quejar: Basso, Ulrich, Beloki, Mancebo, Sevilla, Botero, Vicioso -cómo no-, Gutiérrez…, además de los ya convictos Heras, Casero, Santi Pérez y Hamilton.
Está claro que la principal causa del dopaje es la presión que la sociedad ejerce sobre el deportista… bueno, deberíamos decir la pasta que se pone a tiro de aquel que alcance un determinado nivel en la práctica de ciertos deportes.
Imaginemos que a un vulgar trabajador le ascendieran un peldaño en el escalafón de su empresa a cambio de seguir un tratamiento, tal vez más dañino, pero tal vez menos, que sus madrugones, sus comidas y bebidas de trabajo y, sobre todo, sus frustraciones laborales (seguro que son cancerígenas). En un mundo tan enfermizo, es pura hipocresía esgrimir la salud del deportista como motivo fundamental para luchar contra el dopaje.
Pero, sin embargo, es necesario preservar la justicia de la competición así que , o subvencionamos un dopaje de calidad para todos, o lo seguimos persiguiendo. Aunque sea por razones económicas, a setenta mil euros por barba, la decisión es evidente.

Tuesday, June 27, 2006

De compras

Son tiempos de consumismo y no hay nada mejor para apartar remordimientos, tristezas y bajones que una buena tarde de compras. Además, de un tiempo a esta parte, ya no se puede ser un indeciso, hay que estar con algún bando, y de valientes es decirlo a voces. Por eso, tengo el placer de invitaros a dar un paseo por las tiendas que algunos partidos han abierto en sus páginas institucionales para que, a través de la posesión de los productos que ofrecen, mostréis orgullosos lo profundo de vuestras convicciones.

El PSOE ha decorado en rojo su establecimiento, dándole un estilo y una clase dignos del partido gobernante. Tremendo error: los caramelos, al menos el día de mi visita, estaban agotados. https://www.tutiendapsoe.com/index1.htm

La tienda del PP es tipo todo a cien: poco cuidada. Sin embargo venden productos imprescindibles como la corbata naranja, las palas de padel y el utilísimo calienta tazas con USB. http://www.pp.es/index.asp?p=900&c=acf4b89d3d503d8252c9c4ba75ddbf6d

Intentémoslo con los partidos catalanes. En los negocios siempre van por delante.
CiU no tiene tienda. Increíble. ¡Ah!, no había caído: estos no son catalanes de verdad. Crucemos a la “botigaesquerra”; amplia y bien surtida, aunque es difícil enterarse de lo que venden. En la sección de “roba” encontramos “mocadors” y “dessuadoras”. Muy pobre, dentro de la sección cultural, es la de discos, con una sola referencia: el triple CD “Canciones para la libertad”. http://www.botigaesquerra.com/categoria.php?id_b_categoria=1

Pobre también es la “sabindenda” de EAJ-PNV. Destacamos el guante de cocina , la chapela y unas cajas que sabe Dios para qué sirven. http://www.eaj-pnv.com/sabindenda/

Ni Coalición Canaria ni los partidos del grupo mixto, ni uno por uno, ni todos juntos, parecen haber iniciado el camino del comercio electrónico, salvo Euskoalcartasuna que nos ofrece fondos y politonos para nuestros móviles.

Wednesday, June 07, 2006

666


Todo empezó cuando Ángel Acebes dijo: “el proyecto del Gobierno es el proyecto de ETA”. ZP visitaba a la Selección Nacional y decía: “esta vez, sí”. Esperanza Aguirre miraba a los periodistas esperando las risas que, sin duda, seguirían a su ocurrencia: “si menciona ahora la posición de Alianza Popular en 1979, ¿cuándo va a pedir Zapatero perdón por el Gulag?”.
Rajoy se indignaba: “el Partido Popular rompe toda relación con el Gobierno si no rectifica la ignominia de la reunión con Batasuna”.
Cuando, por fin, un político, Puigcercos, dice algo sensato: “Acebes está como una cabra”, saltan Curri Valenzuela y sus contertulios: “es inaceptable que, ante una opinión correctamente expresada, con la que se puede o no coincidir, se reaccione con insultos”. De paso, animan a acudir a la manifestación que la Asociación de Víctimas del Terrorismo convoca bajo los lemas: “queremos saber la verdad”…(¡¡¡sobre el 11-M!!!) y “¡Negociación! En mi nombre ¡no!”.
Ayer fue 6 del 6 de 06. El día de la bestia. Terror en estado puro.

Thursday, May 25, 2006

Álvaro Torres me ha robado el nombre


Ya sabía yo que existía pues alguna vez había escrito mi nombre en el cuadro de búsqueda de Google. Pero el cambio ha sido sustancial respecto a aquella ocasión, porque ha registrado el dominio www.alvarotorres.com y, por si fuera poco, lo que aparece tras él es, a toda pantalla, la foto que reproduzco abajo.
Álvaro Torres, el -al parecer- consagrado internacionalmente cantautor salvadoreño que se define como “romántico hasta las últimas consecuencias” y como “una enciclopedia del sentimiento, un trovador nostálgico que evoluciona al ritmo del tiempo y un verdadero experto en eso que suelen llamar amor de pareja…” ataca de nuevo.
Al menos, y pese a que todo el que me conoce me verá reflejado a mí también en esa definición, la foto aclarará que no soy el autor de éxitos como “de punta a punta” o “madre soltera”.

Wednesday, May 24, 2006

La media distancia

Fragmentos de “La media distancia” de Alejandro Gándara (1984)

Al principio, habría otras cosas. Pero no estoy seguro de no inventarlas para poder decirlas. ¿Y si desde el principio no hubiera nada, ninguna justificación para diez años de kilómetros y de cansancio y de yogures?

…está la moral, la airosa moral del corredor de fondo colgada de lo alto, con una luminosidad de neón (“resiste-persiste-cronifica”); pero yo soy de media distancia y mi letrero de moral luminosa está mucho más bajo, y a veces se le ven los pedazos fundidos.

…si hubiera llevado reloj, ahora tendría el dato y descubriría si disfrutaba corriendo o aquellas galopadas eran como viajes nostálgicos, a falta de cosas verdaderas.

Por el cielo, con los brazos bajos, sin barro, sin invierno,…sin músculos. No pensar en nada, porque eso es trabajo, el trabajo un peso, el peso mayor que altera el ritmo…

De pronto, estoy mirando el suelo como si me fueran a enterrar en él. Lo miro fijamente y alguien me da por detrás. La ley dice que hay que moverse. Trotando, veo el cielo otra vez. Hasta dentro de siete minutos.

Hay en cada uno una forma distinta de sentir el futuro inmediato y de acercarse a él. ¿Seré el único que piensa en ideas como “afuera”, “inmediato”, “angustia”? ¿Todo lo que está sucediendo le sucede a alguien más que a mí? ¿Me hago estas preguntas tan repentinas, sólo para demorar más el tiempo, cuando sería tan sencillo colgar las zapatillas por el resto de los inviernos? También sería sencillo no pensar, y sólo correr…Ellos saben que demorar el tiempo no elimina la pesadilla de tener que correr contra él.

…tu cabeza es más rápida que tú, y eso no es bueno cuando lo que te da de comer es el corazón. Un atleta es el corazón, blop-blop…, sólo el corazón. Pero toda tu sangre te la come la cabeza. Y esa es una sangre podrida que no le sirve a los músculos ni a los pulmones.

Mírate en el primer espejo que encuentres y cuéntate tu triste historia de una puñetera vez y entiende esto, que cuando un hombre empieza a mirarse en un espejo y hablar solo, empieza a no saber en qué parte del espejo está y a no saber de quién es la voz que escucha.

Después de los veinte kilómetros se pisa un umbral en el que la fatiga pierde el ímpetu, los sentidos se adormecen, los músculos empiezan a soñar por su cuenta… sólo los giros y los cambios de horizonte producen malestar. En línea recta, con un paisaje inmóvil, podría durarse días enteros con ese ritmo fácil y mecánico que ni el corazón advierte…Se podría durar siempre. Quizá sea la verdadera aspiración, la carrera eternizándose y el transcurrir de los años, haciéndose viejo con las piernas en movimiento, que el corazón se detenga primero que el pie.

He conocido tipos que hubieran dado algo por conseguirlo. Podría hacer una lista muy larga. Una lista de los que persisten en el fracaso, no han ganado ni un trozo de lata que exponer en la vitrina del comedor familiar, ni han robado siquiera las letras de su nombre en la linotipia de un periódico local. Además, conocen su futuro mejor que nadie, y está de sobra que algún despabilado les delate su anonimato. Persiguen su sola soledad por esos campos y no se esfuerzan menos que el resto. Pero persisten y eso les distingue de muchos que prometen a ojos entendidos; duran como si su organismo tuviera un fondo indestructible y con su resistencia, puede uno figurarse que sólo los ídolos tienen los pies de barro.

Ahora, sin querer, llevo los ojos cerrados, y es verdad que todo molesta menos…Es que el paisaje de la imaginación es más suave, aunque sea el mismo, como si se mirara contra la luna de un escaparate.

El descanso es uno de los linimentos morales más apreciados en esta profesión: no cura, pero tonifica. Si la máquina se obtura, resopla, se funde, pero los cojinetes brillan y los pistones relumbran, entonces no hay más que tratar a ese mecanismo calenturiento, arbitrario y maniático, con un remedio que no remedia nada y que le haga feliz y cómodo al mismo tiempo por ver si dentro de esa comodidad se desvanece la locura a que le ha empujado esa imperfección, ese error en el diseño que es el maldito cerebro.

…me recuerda uno de esos que se descubren un quiste sebáceo y gritan para sus adentros: “Esto se arregla con deporte”. Y a la mañana siguiente, mientras se matan a correr por el parque de su barrio, van palpándose el bultito y pensando en la purificación del cuerpo. Semana más tarde, un ataque de agujetas les envía a la cama y el bultito pierde radicalmente su influencia. No hay nada que hacer con ellos. Basta con entenderles y dejarles, mientras lavan la ignominia de un michelín anárquico.

Yendo muchos, se entretienen mejor las dos horas y pico. Se mete uno en el calor del grupo y se deja empujar por el carro de los demás. Hasta puede mantenerse una conversación sin pretensiones, si ese día te cae simpático el mundo y el vecino de trajín tiene algo de sentido común.

Se me hace raro contemplar (de esta forma fría que es irreal) a alguien que lleva la “pájara” en el cuerpo. Desde fuera no es lo mismo. Ni aun teniendo la experiencia.

La “pájara” es eso: un bicho absurdo que se mete en la cabeza.

El atleta tiene una estrategia para el tiempo y otra para ganar la prueba. A veces tiene las dos. A veces le falla una y se queda con la otra. En cualquier caso, sabe lo que tiene que hacer al final, conoce su prueba metro a metro y segundo a segundo, y mucho antes de que acabe ya tiene un veredicto que se parecerá bastante a los resultados.
Cuanto más corta es la distancia, mayores son las consecuencias del error y la ignorancia. También hay un lugar para la intuición, pero sólo después de que uno haya conocido sus límites.

Por donde tú corrías todavía huele a sangre. Esto no es una película: veinticinco años no los tendrás más veces…Los kamikaces no están de moda.

…no le hubiera importado ser uno de esos soviéticos que aspiran al automatismo y se entrenan en la repetición, una repetición que es ir vaciando poco a poco la cabeza y consentir que cada fibra de músculo se convierta en el centro del carácter y de la inteligencia. ¿Habrá nada mejor? Un atleta perfecto y una cabeza a la altura de las circunstancias, esto es, hueca.

Hablaban a gritos y se les escuchaba discutir sobre lo cansado que es correr con zancadas cortitas, como las geishas, o grandes zancadas como los antílopes. Había división de opiniones. Me imaginé acompañado de un equipo de corredores en el que la mitad corría como fulanas japonesas y la otra mitad con complejo de corzo de la serranía.

Es imposible mantener esta marcha hasta el final. Cuando pasemos por meta quedará todavía otra vuelta. Si éste es su ritmo me despido. No los conocía bien. Las esperanzas me saben a pan recocido. Bola de chicle en la boca. ¿Dónde me habré engañado?


Tipos que dan pavor. En competición. Y fuera. No sudan, no sufren, pierden, ganan, sin reflejo, sin gesto. Los demás babeamos al tercer kilómetro. Resoplamos sin. Sin vergüenza. La manivela de los brazos hasta para empujar. Sube rabia asesina contra los androides. Corran aparte.

Fuerza dormida. Sin sentido. Músculos duermen. Sólo ventanuco. Del cerebro. Chispa que corre. Y aún anima. No soy yo. Rompimientos. Añicos. Desbarajuste. Mezclas. Casquillos. Jirones. Arenas. Cristalitos. Barreduras. En rota procesión. Segundo aliento.

La gente condescendió a un trotar blando y fácil, lejos del apuro. Todas las piernas por delante de las mías iban muelles, besando la hierba en mucho silencio. Las punteras rozaban el piso y casi en el roce se impulsaban de nuevo. Los troncos en reposo, divididos del esfuerzo de las piernas. Sentía los otros corazones bombeando lisamente la sangre con un pálpito perezoso. La música estaba adentro, monótona, la de siempre, pero música, al fin y al cabo, afinada por la inspiración del cuerpo.
En mí todo sonaba al contrario, lo peor era el tambor de las pisadas…Y en el pecho, cachivaches de todas clases, guerra civil del corazón con los pulmones, de las tripas con el estómago. Artillería oxidada.

Lo importante era otra cosa…No era el peso, la dureza, la falta de entrenamiento de los músculos, empezando por el del corazón, lo que echaba de menos. Era el sentido, la manera, que estaba perdida. Esa forma que está en el fondo de la conciencia y que, aunque marchen mal las piernas, les va dictando un “como”, un “porqué”, un “así”, el sistema de sacudirse el espanto cuando las cosas no funcionen, cuando no se es como se era, pero todavía se quiere y se puede ser.

…todo costó siempre mucho, correr fue siempre lo de menos. El problema era llegar hasta la carrera, saltar esos mil detalles torturantes, correr sobre ellos para poder correr. O sea, no orinar sangre, no tener rodillas que repitan las historias que se quieren olvidar, cambiar de cabeza cuando es más rápida que las piernas, no llevar a los músculos sangre amargada de otras ilusiones, no desfondarse cada vez que hay que quitarse la ropa, no meterse en cansancios que no son de uno, ni siquiera en los de uno, a no ser por el gusto de escupirlos, como a los miedos, contra pavimentos que no volveremos a pisar.
Los que pueden saltar sobre las puntas de esos peligros son los mismos que después no respiran en los metros finales, que se hacen con el olvido de lo sufrido y no alientan porque el cuerpo ha pasado a otro universo...A ver si me desvisto.
Eso es. Todo lo que falta con segundo aliento. La mitad está vivida, la otra mitad sin aliento, sin escucharse, como siempre acabando.
Medio fondo. Aptos para la media distancia, para la mitad de todo. Un poco de rapidez y un poco de fondo. Segundo aliento ya sin respirar.
Sin respirar. El resto será igual. El resto de después del final.

Corrector de Word

Estaba yo escribiendo una de estas tonterías (bueno, ha sido hace cinco minutos) y al teclear la palabra “Google”…¡¡¡Anda, ha vuelto a ocurrir!!!...Word me la subraya en color rojo. Entonces, se me ocurre teclear “Microsoft”, nada. Esto ya lo suponía. Pero, ya puestos: “Apple”, en rojo. “Sun Microsystems”, nada. “Yahoo”, en rojo. “Intel”, nada.
Como afinan estos chicos. Mi mayor admiración.
Por si a alguien le interesa, las opciones que dan para corregir los errores son: Google lo podemos cambiar por goleé o golee; Apple por paleé, palee, apele, apile o ahíle; y, en vez de Yahoo, deberemos optar por halló, hallo, ayo o IOA.

Historia de mis cicatrices

Oí los pasos de varias personas que se acercaban. La puerta de doble hoja se abrió y entró una mujer de mediana edad seguida de tres chicas y dos chicos de al menos la mitad de la suya. Todos llevaban bata blanca. Era evidente que se trataba de maestra y aprendices. ¿Médicos?
En un primer momento me costó concentrarme en lo que allí se decía; percibía un murmullo difuso, pero esto cambió cuando, esta vez con claridad, escuché la palabra “cadáver”. La mujer se ponía el segundo de unos guantes de látex mientras sus pupilos me rodearon.
-Vamos a suponer que el cadáver ingresó como “no identificado”, así que comenzaremos documentando sus características físicas básicas.
La doctora había cambiado el tono. El asunto estaba en marcha.
-Sr. Lisard, si es tan amable, ¿podría usted ir completando el formulario? Tengan en cuenta que normalmente el cuerpo estará vestido y la ropa será tan importante como la carne para buscar información. En este caso, para abreviar, nos lo han desnudado las chicas del turno de noche... varón blanco, de entre cuarenta y cuarenta y cinco años…
-Serás Zorra.
-Aproximadamente un metro y setenta y seis centímetros; complexión atlética; pelo al cero; a simple vista, no se aprecian traumatismos. Como suponemos que el cuerpo no ha sido identificado por las huellas, debemos tomar datos sobre sus señales particulares; así que empezaremos por las cicatrices. A ver, quiero ver esos ojos entrenados…
-Brecha de un centímetro en la frente…
-La de la lavadora. Siempre me dijeron que esa fue la primera muestra de lo bestia que luego sería. Simplemente corrí, aceleré y embestí una lavadora.
-Cicatriz en la ceja izquierda…
-Ésta fue en un sueño, aunque debió ser más violento que éste porque me lancé contra una mesilla, me rompí la ceja y seguí durmiendo un rato hasta que la mojadura me despertó. El susto vino cuando me miré, aún adormilado, al espejo del baño.
- Oreja con señales de oto-hematoma sin tratamiento o con tratamiento inadecuado…
-El famoso accidente. De esa me libré por poco. Treinta y dos metros de valla protectora de la M-30 tuvo que pagar el seguro. Y las curas: veintiún días de estrujamientos. Malditos “otorrinos”, ¡inútiles!
-Cicatriz inapreciable bajo el labio izquierdo tapada por la perilla…
-Estaba tumbado en la cama, viendo la televisión y jugando con una de esas barras de gimnasia que se doblan…Tenía gracia: podía sacar la lengua por el agujerito. Ahora no me pasaría: la tele es incapaz de distraerme.
-¡Vamos señores!, no tengan miedo, que no muerde. Toquen y busquen…Aquí hay otra…
-Cicatriz en la barbilla…
-Dos tramos de escaleras del metro y aterrizaje de quijada. Knock out. Me contaron que hubo una lucha por hacerse con mi cuerpo que ganaron mis amigos. Al día siguiente, mi pobre madre aseguraba que esa tarde había estado mirándome -escrutándome diría yo- como suelen mirar las madres, y no había visto herida alguna. Mentí dos veces: el corte estaba allí ya que el partido de fútbol en el que me lo hice había sido hacía dos días.
-Señales varias de lo que parecen quemaduras en brazo derecho, parte derecha del abdomen y caras interna y externa de la pierna derecha…
-Mis queridas quemaduras. Parte de mí desde los ocho. Lo recuerdo como si fuera ayer: las maldiciones de Luis porque esa barbacoa no tiraba, el bote de alcohol, el fogonazo, las sombras que me golpeaban y, finalmente, el vuelo y el inmenso bienestar al salir del charco de agua tibia. Como siempre, el mal rato viene después, cuando te ves con harapos de piel negra colgando y, debajo, la carne rosa como la de un cerdo. Ah, por cierto, sabelotodo, hay que precisar: las de la parte externa de la pierna, me las hizo el mismo Luis, pero meses después, al detonar, jugando a pegarme, un buen cargamento de petardos que llevaba en el bolsillo.
-Abrasiones varias en el lado izquierdo, a la altura de la cadera…
-Espectacular caída de la bicicleta. Partí el casco en dos. Además, me rompí la clavícula. Pero ese día volaba.
-Cicatriz en mano izquierda, entre los dedos índice y pulgar…
-No me valía la teoría ni una práctica normal. Mandé al pobre Juan empuñar veinte centímetros de cuchillo y, de rodillas uno frente al otro, apuñalarme una y otra vez. No sé cuántas le paré, pero en el último viaje el filo paseó toda su longitud entre mis dedos, dejando a la vista hueso, nervios y cables indefinidos. Entonces también mentí: sacando punta a un lápiz; ¡increíble. Más de un mes vendado chapuceramente por mí mismo. Los dolores me decían que debía ir al médico, pero no lo hice, y no sería la última vez…
-Bueno, parece que no hay más, ¡menudo cristo! Como esto ha sido más largo de lo que esperaba, dejaremos la necropsia oral para otro día. Para eso no necesitamos que el fiambre esté fresco.
Lo que sí vamos a hacer es proceder a abrirle el cráneo. ¿Alguno de ustedes hace pesas?

Me sobresaltó un ruido mecánico y metálico, aunque lo esperaba: "Sé lo que es. He visto muchas películas. Ahora viene lo bueno, pero lo que encontréis ahí dentro será mucho más difícil de explicar".