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Tuesday, November 06, 2007

En el taxi

Iniciar una conversación con un desconocido es arriesgado, si es taxista, mortal de necesidad. Sin embargo, anoche tuve que hacerlo por motivos de seguridad: el hombre que conducía el vehículo al que el azar me había subido lloraba desconsoladamente. Supuse que sus ojos sin limpiaparabrisas, ocupados en el llanto, no estarían a lo recomendable.
-¿Está usted bien? -le pregunté-.
La historia -que resumo- era de amor. Llevaba el buen señor tres años separado durante cuyos ya más de mil días -él los tenía contados- no había dejado uno de esperar la llamada para un nuevo comienzo.
Lo que aquí ha sido un párrafo, en su voz entrecortada y lastimosa ocupó quince minutos, de recuerdos y de detalles, y de mocos. A mi entender, lo que hasta ese momento había oído no justificaba el desconsuelo, así que volví a osar: -Pero…, ¿ha habido hoy alguna novedad, algo malo?
Entonces me contó que esa misma tarde había pasado por la que fue su casa, por la que aún está pagando, para llevar a su hija a una fiesta de cumpleaños. Nada más abrirle su ex la puerta, Torrija, su perro pastor alemán -éste lo pagó de golpe- se abalanzó sobre él y casi le arranca el brazo a dentelladas. Del hospital venía cuando lo paré.
Y habiendo ya llegado a mi destino, pagué la carrera y me despedí, deseándole sinceramente que le fuera bien, pero recomendándole que optara por pasar rápido el luto y seguir su vida lejos de su ex -mujer y de Torrija. Estaba libre.

Saturday, November 03, 2007

Los mirones

Para una mañana de tiendas, cuando uno no tiene intención de comprar nada, es recomendable llevar algo de lectura, un periódico es quizá lo más recomendable. Así que aprovechó que su novia estaba mirando un escaparate y le dijo: “Espérame aquí, que voy a darme una carrerita hasta aquel kiosco de allí” (allí era el Paseo del Prado, aquí, los pies del hotel Palace).
Volvía ya ojeando El País, y al levantar la cabeza, no pudo evitar una sonrisa al ver la siguiente composición: al fondo del cuadro su novia, que seguía ensimismada donde la había dejado; en primer plano, dos hombres de traje, a los que reconoció de inmediato, y que en ese momento hablaban sin duda, pues indudable era que allí estaba centrada su atención, del culo de su chica.
Según se acercaba, iba pensando qué les diría, algo gracioso; esto iba a ser para contarlo; pero justo cuando iba a abrir la boca, se le echaron encima tres armarios empotrados que lo acogotaron contra una pared. Cuando acabaron las explicaciones, los dos personajes habían desaparecido.
¿Quiénes eran los mirones? Pistas: Pareja de hecho. Ambos han sido ministros. Los dos mienten de continuo, pero uno ni siquiera se preocupa de disimular. Sus apellidos van de la A a la Z. Uno tiene cara de listo, de listillo, mejor dicho, el otro todo lo contrario.
Está claro, ¿no? Por si acaso, cuelgo aquí una fotografía en la que aparecen junto a un compañero al que podéis descartar, pues os recuerdo que estaban mirando el culo de su novia.