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Tuesday, December 16, 2008

Cuidados

Esta historia es casi un documento histórico. Digo casi porque todo es inventado. Además he cambiado los nombres que se me habían ocurrido al principio, he modificado un par de detalles para despistar, he añadido alguna tontería para quitarle hierro y he comprimido todo en dos párrafos. Pero seguro que lo que me invento ha pasado y sigue pasando. Es intolerable. Hay que tomar cartas en el asunto. Los hechos no sucedieron en un gran hospital de Madrid.


Lara Lara, además de tener a unos cachondos como padres, era enfermera. Daba como bueno su destino en la unidad de cuidados paliativos porque allí había encontrado al amor de su vida: el Dr. Lucas Loro Santamaría. Un día, buscando información que le permitiera acercarse a su objetivo, encontró el documento que ilustra este apunte en el ordenador del Dr. Loro. La cúpula de Barceló se desplomó sobre ella: una avalancha de recuerdos desordenados pero a los que intuía un sentido conjunto. Tuvo que sentarse y respirar hondo tres veces (en una película hubiera vomitado) antes de empezar a procesar: aquella extraña orden y su contraria, aquella medicación, el día que reanimaron a una señora de ciento cinco años ya sedada, coincidencias con las fechas de las guardias, las bromas que sólo algunos parecían entender, el trasiego de sobres…

El primer impulso fue denunciar, pero prefirió averiguar antes la dimensión de aquella peña. “Con lo que sabía, no le costaría mucho que la admitieran. Su puesto era el último de la cadena…Al fin y al cabo, la vida es una tómbola, y mi sueldo, una mierda”.


Thursday, January 18, 2007

Letra de médico

Con la confianza en los médicos me pasa como con la fe: me gustaría tenerla pero me resulta difícil; así que cuando, por algún destrozo, me toca ver al matasanos suelo ponerme a rezar.
Dice un informe que la letra de los médicos -la mundialmente famosa letra de médico- causa siete mil muertos al año en los Estados Unidos. Si sólo escribiendo, cosa que, más o menos, sabemos hacer todos, se cargan a 70 cientos por año, de lo que serán capaces cuando se ponen con las patologías.
Sé que los médicos ven a los pacientes como clientes exigentes, impacientes y sabelotodo, dispuestos a poner el grito en el cielo a las primeras de cambio; poco aseados en general, y cuyo cuerpo, al ser visto, les hace dudar sobre su estado mental cuando creyeron encontrar una vocación y candidatos al voto de castidad; pero, como seres humanos, deberían comprender que la pérdida de valores (fe incluida) que sufre la sociedad moderna por culpa de los culpables de todos los males los ha dejado a ellos como última defensa frente al negro infinito, y ante esta responsabilidad hay que ser cuidadoso. ¡Que no todo es hacer series de televisión!