Límites
Estiramos los límites de la normalidad para que cupiera todo, y se colaron los locos. Sin esfuerzo, con naturalidad, convirtieron su tara en fuerza y sentaron cátedra, infectándolo todo. La vida es aquí un delirio justificado legalmente y lleno de palabras. Ahora casi todos se comportan como ellos. Educados como seres inmortales y clarividentes que saben adonde van. Pero pronto, a partir de un punto no lejano, deberás actuar como si estuvieras muerto. Tanta actividad inexplicable, la inercia de la masa crítica, la acumulación, la ceguera... todo eso choca contra un momento; cuando cruces la línea estarás fuera de lo que eras parte; y no podrás volver. ¡Ahí es adonde ibas! Entonces verás la sinrazón y la desagradable verdad en un chispazo efímero, pero te reprimirás de nuevo. Empezarás a vagar por tu memoria, oyendo de fondo el coro de locos, y te convencerás de que en algún momento fuiste feliz; no recordarás que pasaste media vida conduciéndote como un demente, y la otra media como un muerto viviente. El instante de lucidez, en el caso de que lo hubieras sabido retener ―consuélate―, habría llegado, como siempre, demasiado tarde.No me juzgues. No puedes verme. Escribo desde fuera y me has reprimido.
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